El artículo 22 bis del Real Decreto 39/1997 incluye entre los trabajos que requieren la presencia de recursos preventivos aquellos realizados en espacios confinados. A estos efectos, define como espacio confinado todo recinto con aberturas limitadas de entrada y salida, ventilación natural desfavorable, posibilidad de acumulación de contaminantes tóxicos o inflamables o de una atmósfera deficiente en oxígeno, y que no está concebido para la ocupación continuada de trabajadores.
Pozos, arquetas, silos, cisternas, depósitos, alcantarillas y galerías de servicio son algunos ejemplos habituales.
Los accidentes relacionados con los riesgos químicos en espacios confinados presentan un patrón especialmente peligroso: la atmósfera puede parecer segura antes de comenzar el trabajo y cambiar posteriormente. Por eso, su control no puede basarse en una única lectura. Es necesario medir antes de entrar, vigilar continuamente durante la permanencia y transmitir hacia el exterior cualquier situación de alarma.
Antes de entrar: medición remota en distintos puntos
La primera comprobación debe realizarse desde el exterior o desde una zona segura, sin que ninguna persona acceda al recinto.
La concentración de los gases puede variar considerablemente entre la parte superior, la zona intermedia y el fondo. En su distribución influyen la densidad, la temperatura, las corrientes de aire, la ventilación, la geometría del recinto y la ubicación de posibles focos de emisión. Por ello, una lectura tomada únicamente junto a la boca de acceso no permite descartar la existencia de una atmósfera peligrosa en otras zonas.
La medición debe efectuarse progresivamente en los diferentes niveles y puntos relevantes, incluidos rincones, zonas muertas y el lugar donde se desarrollará el trabajo. Para ello se necesita un detector equipado con un sistema de aspiración y una manguera o sonda de longitud adecuada, respetando el tiempo necesario para que la muestra llegue hasta los sensores.
El detector multigás QGM, combinado con su bomba de muestreo, permite controlar los cuatro parámetros más habituales: concentración de oxígeno, gases inflamables, monóxido de carbono y sulfuro de hidrógeno.
Durante la permanencia: vigilancia continua de la atmósfera
La medición previa no garantiza que la atmósfera vaya a permanecer estable. La NTP 223 del INSST indica que las mediciones deben realizarse antes de iniciar los trabajos y de forma continuada mientras exista la posibilidad de que varíen las condiciones del interior.
Operaciones como soldar, pintar, aplicar adhesivos o disolventes, limpiar con productos químicos, purgar conducciones o remover lodos pueden consumir oxígeno o generar contaminantes que no estaban presentes durante la comprobación inicial.
Durante la entrada, el trabajador debe llevar el detector multigás situado en su zona respiratoria y mantenerlo encendido durante toda la permanencia. Sus alarmas acústicas, luminosas y vibratorias deben advertir inmediatamente de cualquier desviación de las condiciones consideradas seguras.
Cuando puedan existir compuestos orgánicos volátiles —COV—, puede ser necesario complementar el detector multigás con un equipo de fotoionización. El Tiger XT de Ion Science permite detectar concentraciones bajas de numerosos COV ionizables que no serían advertidas por otro tipo de sensor hasta alcanzar niveles considerablemente más elevados.
Desde el exterior: vigilancia y señalización inmediata
El control no termina en el interior. La persona que permanece fuera debe mantener una vigilancia continuada, disponer de un medio eficaz de comunicación con el trabajador y estar preparada para activar el procedimiento de emergencia y rescate.
En instalaciones donde el sistema de detección permita transmitir sus alarmas, una baliza luminosa ATEX puede proporcionar una indicación visible e inmediata del estado de la atmósfera. De este modo, el recurso preventivo, el equipo de rescate y cualquier persona que se aproxime al recinto pueden reconocer rápidamente una situación de alarma.
Esta baliza está certificada para zonas ATEX 1, 2, 21 y 22, cuenta con protección IP65 y puede controlarse mediante Modbus. Además, incorpora un relé que permite activar una sirena u otro dispositivo auxiliar.
La señalización luminosa complementa la vigilancia exterior, la comunicación y el plan de rescate, pero no sustituye ninguno de estos elementos.
Tres funciones que deben trabajar juntas
El control de los riesgos químicos en espacios confinados se apoya en tres funciones diferentes y complementarias:
- Comprobar la atmósfera desde una zona segura antes de autorizar la entrada.
- Vigilar continuamente las condiciones mientras haya personas en el interior.
- Comunicar inmediatamente cualquier alarma al personal situado en el exterior.
Cubrir únicamente la medición inicial deja sin respuesta una cuestión esencial: qué sucede si la atmósfera cambia mientras se desarrolla el trabajo.
En Inteccon España ayudamos a seleccionar la instrumentación adecuada para cada una de estas fases, teniendo en cuenta las características del recinto, los contaminantes previsibles, el procedimiento de trabajo y las condiciones de instalación.
